domingo, 16 de julio de 2017

Pillar perspectiva, ver un cervatillo, despertares

Hay días felices. Días azules. En verano parecen más frecuentes, pero da igual, pueden presentarse en cualquier momento. Hoy el aire se respiraba así: luminoso, amable, calentito, suavecito.  Verano, es lo que tienes. Bálsamo temporal. 

A veces basta con girar un par de veces sobre uno mismo, con los ojos cerrados y tirar a caminar después, con los ojos ya abiertos, sin saber dónde se va, siendo únicamente consciente de que se está yendo, para, de repente, pillar perspectiva. Darse cuenta de que lo que somos es mera construcción, fruto de demasiadas cosas. 

A veces basta con pasar dos días fuera de tu formato habitual, desconectado de todo, para que sientas que no eres nada dentro del entramado de la vida. Que la vida puede ser huraña y salvaje y también tierna y conmovedora. Las hormigas rojas se comen a moscas malheridas pero también hay cervatillos que te miran (sí, te miran) de repente, sin esperarlo, y todo se para y piensas, joder qué bonito. Mientras una lagartija cae a la piscina y el gato caza al ratón. Todo eso y más y todo a la vez. 

Fuera el silencio y el ruido que no es. Dentro personas sobre personas compartiendo cortocircuitos pero también amor y calor.  ¿No escuchan el silencio? Estamos contaminados. 

Vuelve la música. Radio fórmula versus música clásica. Eterno contra temporal. Choque, revulsión. Ilusión. 




"Y se supone que la vida no es tan estridente"

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